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Perros en el Hospital, tiempo de aprendizaje, afecto y relajación

por / Lunes, 06 junio 2016 / Publicado enSin categoría

Desde hace cuatro años, una vez por semana se desarrollan sesiones de terapia asistida con perros para pacientes de Larga Estancia, Discapacidad Intelectual y de la Unidad de Psiquiatría Legal.

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Los lunes, a media mañana, llegan los perros de Kidecan al Hospital Aita Menni. Ainhoa Billar y sus ayudantes de cuatro patas están listos para comenzar la terapia. Muchos pacientes del área de Larga Estancia, de Discapacidad Intelectual o de Psiquiatría Legal esperan con ilusión este rato.

Beneficios

Aunque todavía son pocos los estudios que analizan las terapias con animales, son numerosos los autores que señalan los posibles beneficios de este tipo de actividades. La responsable del Servicio de Rehabilitación del HAMMacarena Aspiunza, remarca que ésta no es una sesión cualquiera: los animales logran nuevos estímulos y hay un refuerzo positivo en la relación con los perros. “Los perros sirven como elemento de contacto con la realidad, fomentan el contacto social y facilitan las relaciones interpersonales”.  Las personas que padecen enfermedades mentales tienden a centrarse en sí mismas. Las interacciones con perros les pueden ayudar a centrarse más en su entorno (Tucker, 2004).

Para las personas con enfermedad mental resulta fácil establecer un vínculo con los perros por varias razones. Nuestra psicóloga explica que los perros de terapia satisfacen la necesidad universal que tenemos los seres humanos de contacto físico. En muchas ocasiones, quienes rehúyen el contacto con sus iguales con gusto se acercan a los perros. Porque los perros aceptan a las personas incondicionalmente. No importa el aspecto físico; no importa la raza; no importa la historia propia.

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En Navidades los participantes en la terapia canina suelen hacer una exhibición para que todo el hospital y sus familiares puedan ver el trabajo que realizan durante el año.

Los perros de Kidecan llegaron a Aita Menni “un poco por casualidad“. Recuerda Ainhoa Billar que coincidió con el psicólogo del centro Alfonso Sáez de Ibarra en unas vacaciones hace cuatro años y que le contó el proyecto que estaba llevando a cabo en otros centros. Él le comentó que en ese momento estaban pensando en probar la terapia canina en Aita Menni. “Probaron la terapia y la valoraron y aquí estamos. Así empezamos hace ya cuatro años“.

Por lo general, acuden a terapia tres grupos diferentes, compuestos cada uno por tres pacientes, que van rotando. Algunos de los pacientes tienen o han tenido perro en casa. Todos los participantes interactúan sin problemas con todos los perros, independientemente de su raza (Kidecan suele venir con un golden retriever, un border collie, un galgo…) pero es habitual que se establezca una conexión más estrecha entre los pacientes y alguno de los perros. Macarena Aspiunza cree que el feeling depende más bien del carácter de ambos. “La verdad es que sí que hemos observado que según el carácter de los usuarios y de los perros, conectan mejor unos que otros. Esa es la razón por lo que tenemos cuatro perros, todos ellos muy distintos en carácter y energía. Cada uno de ellos aporta su parte“, corrobora la terapeuta y adiestradora.

 

Evolución en el tiempo

La terapia con perros promueve mejoras en el funcionamiento físico, social, emocional y cognitivo de las personas. Las sesiones se estructuran según el nivel cognitivo de los usuarios, en algunos casos se aborda la orientación a la realidad, el estímulo social, el incentivo, el autocuidado, el control muscular, el autocontrol. “Muchas veces trabajan también entre semana, mirando artículos, preparando dudas, haciendo dibujos…“, cuenta la responsable de Kidecan. Sin duda los usuarios disfrutan y aprenden en la terapia canina. Saben tranquilizar a los perros y desde la firmeza del trato, los pacientes les enseñan obediencia.

Un ejemplo paradigmático es el de un usuario que pudiendo estar los lunes en casa pidió ingresar antes en el hospital para poder asistir a las terapias caninas. Pero hay otro caso que llama más la atención; es el de un usuario que no tomaba parte en ninguna actividad del Centro y al que le costaba relacionarse. Su psicóloga decía que sólo la saludaba cuando estaban los perros delante, nunca por los pasillos. Hoy es el día que interactúa con los perros y con su entrenadora. De hecho, en el grupo de terapia canina suele contar partes de su vida (sus estudios, dónde y cómo hizo la mili, que está separado…).

“También he visto una gran evolución sobre todo en el autocontrol emocional. Son capaces de entrar en un estado emocionalmente negativo y darle la vuelta, ya que los perros se convierten en sus ‘espejos emocionales'”, asegura Ainhoa Billar. “Esto también es muy importante –subraya Macarena Aspiunza- porque supone un elemento facilitador en la toma de conciencia del estado y favorece el autocontrol y la regulación emocional”. Ainhoa Billar ha observado cambios en estos cuatro años, una evolución muy positiva,  incluso “sorprendente” en algunos de los pacientes.

Sea como fuere, las actividades asistidas con perros se utilizan cada vez en más países del mundo para mejorar la calidad de vida de las personas. Siempre de acuerdo a un proyecto terapéutico, con empatía y formación, Ainhoa Billar trabaja específicamente con cada persona y en coordinación con Macarena Aspiunza.

Además de en el Hospital Aita Menni, Kidecan presta sus servicios en residencias de la tercera edad, en centros de día y en breve comenzará a trabajar también con niños en ASPACE.

https://www.youtube.com/watch?v=OGASCBEdjps

 

 

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